David Cabrera López |
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El 3 de julio de 1974 se dispara la vida del autor. Hijo de padres canarios, su infancia transcurre entre Madrid y La Palma sin mayor acontecimiento reseñable que la felicidad. Sigue hacia adelante, única dirección posible, y vive (que es una forma de vuelo detenido o planeo fosilizado) en Estados Unidos, Holanda, Latinoamérica, Marruecos, Portugal y China, entre otros muchos abismos más o menos infinitos. Detrás queda el resto del calor que deja la bala al salir del cañón. Un calor que, poco a poco, desaparece. Lo único decisivo desde entonces es la idea de un destino, lugar incierto donde se alojará la bala. Una vez lo alcance, el casquillo quedará en el olvido, pero el agujero en el alma del enemigo, en la propia cabeza o en la pared de granito, será lo único perdurable. Si algo en verdad perdura. A fecha de hoy, la bala todavía va Páginas: Noticias/Notas de Prensa: |
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